De por qué no voy nunca al mismo doctor

El médico de familia que visitaba la casa en cualquier horario y a quien no había que darle un bono ni pasarle un cheque porque confiaba en la palabra del padre de familia ya no existe. Son muy pocos los pacientes a los que “su médico” los reconoce en la calle un día cualquiera.
Mi historial médico deben ser en total unas cuantas carpetas bien gordas que, sin embargo, nunca he recopilado porque se supone que todas esas fichas estén en línea a estas alturas.
Las últimas veces que fui recurrentemente a un médico, de quien ni siquiera recuerdo el nombre, me preguntaba siempre por mi previsión, mis antecedentes médicos importantes (“tuve púrpura y tengo sjögren”), me pesaba,  me medía y me recetaba algo para la molestia que me había llevado hasta allá.
Después de algunos años de pensar inconsciente e inocentemente que el médico tenía alguna idea de quién era yo, decidí no ir más donde un médico en particular; sólo porque me parece que es una lealtad que no tiene sentido ni hace diferencia alguna, a menos que sea algo de gravedad el médico me va a hacer un par de preguntas y escribirá una prescripción según lo que indique el vademecum.
Resulta que los médicos siempre tiene un amigo especialista que te va a hacer un buen examen o diagnóstico y, vaya uno a saber por qué, aparentemente lo harán con mayor esmero si uno menciona que va de parte suya (?). Frecuentemente piden volver en “una o dos semanas” si es que no programan controles periódicos; muchos dicen que uno compre la medicina del laboratorio que ellos recomiendan (un saludo cariñoso a todos los visitadores médicos) y prácticamente ninguno recuerda el juramento que hacen si llegas de urgencia a un centro de atención sin bono o cheques;  menos llegan a la casa a menos que se haya contratado un servicio para ello, y así y todo se hacen de rogar porque si uno no exagera tampoco van.
Hay otras cosas para las que sí me gusta asegurarme que la atención o servicio es tal como lo espero y trato de ir siempre al mismo lugar:

Peluquero: No siempre está mi hermana cerca para cortarme el pelo y siempre es bueno tener la seguridad de verse lo mejor posible.

Mecánico: Roza la verdad el mito que dice que los mecánicos siempre te arreglan una cosa y te dejan otra “maoma” o te cambian una pieza o te encuentran una falla. Varios reportajes en TV lo avalan.

Eléctrico: Si no fuera porque mi papá y mi hermano lo son ya habríamos cambiado de lavadora unas cuantas veces. Así y todo hay que pedirles audiencia.

Carnicero: Aunque casi en desuso por la masiva oferta de supermercados y sus precios “convenientes”; siempre es bueno ser amigo de un carnicero que te ofrezca cortes buenos y frescos.

Poniendo cara de moribundo en los días que mis familiares y amigos andaban cotizando gladiolos. El Señor dijo otra cosa y aquí estoy. (Hospital Regional, Concepción, 2002)

Que no se malentienda, me han atendido muy buenos médicos cuando lo he necesitado. Olegario Trujillo era el único médico en kilómetros a la redonda cuando vivíamos en Posesión; todavía nos atiende con especial deferencia cuando alguno de nosotros lo visita en Punta Arenas pero no diría que es “nuestro médico de familia”. El doctor Aspillaga de Talca fue el primero que me diagnosticó el púrpura. Después tuve un largo tratamiento con Alberto Rossle; de quien alguna vez oí que es uno de los mejores hematólogos del país pese a tener nula empatía y que su vida va atrasada más o menos hora y cuarto según la espera promedio en su consulta. Cuando decidieron hacerme una esplenectomía el cirujano fue Oscar Lynch, en ese entonces Director del Hospital Regional de Concepción. Al cabo de unos años la doctora Encarnación Sáenz me diagnosticó el Sjögren .
Sumando, restando y aunque en lo personal creo que a veces se endiosa a los médicos, los prefiero por sobre otros métodos alternativos y mucho más inexactos como la “iriología”, que no se estudia en ningún lugar y receta ollas y ollas de infusiones homeopáticas asquerosas (¡viva la química y farmacia!).  También entiendo, aunque me es indiferente, que a mucha gente le guste ir siempre al mismo doctor y desarrollar una relación con él; sólo ocurre que yo no siento preferencia ni me siento en deuda con ninguno en particular.

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Acerca de AlfonsoLevet

Cristiano y magallánico, lo demás es añadidura.
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2 respuestas a De por qué no voy nunca al mismo doctor

  1. Maca dijo:

    la Mirza es la única medico que me repito. je

  2. Pingback: Primer control pediátrico | Criando a dos

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