Las casas

De niño sólo viví en dos casas: Maipú 107 en Punta Arenas y en la “Casa 18, Población 2” en Posesión.

“Maipú 107” como le dice mi papá cuando se refiere a ella, en realidad han sido dos casas. Cuando éramos chicos la casa era súper extraña, un living comedor al medio rodeado de piezas, baño y cocina; por lo tanto para moverse de un lugar a otro siempre había que pasar por el living lo que era bastante incómodo sobre todo cuando teníamos visita. Primero le agregaron la pieza de mis papás y lo que ahora es baño, que antes fue una pieza de estudio tipo biblioteca. Según recuerdo esa ampliación la comandó el tío Walter y Nivaldo, que además trabajaba con él en la “Cerrajería Universal”, era el ayudante. Ésa fue la ocasión en que yo fui ayudante, nos despidieron a mi hermano y a mí, y el tío por darse un gusto nos exijió una protesta con carteles para reincorporarnos (ojo que eso fue en los ’80); ya habrá tiempo para contarla bien.

Después nos fuimos a Posesión. De la mudanza no supe mucho porque yo tenía 9 años y sólo recuerdo que el camión era bastante feo y que vimos un zorro colorado mientras íbamos en el auto. La casa era gigante y hasta patinábamos adentro. Además de una pieza para cada uno por primera vez, tenía living y comedor separados más una sala donde estaba la TV. En la cocina había una mesa para comedor diario y aparte de todo eso había una despensa y una pieza de lavandería tan grande que mi mamá además tenía un taller de manualidades ahí. Me gustaba mucho esa casa porque el patio era gigante. Lamentablemente ya no existe porque esas casas se desmantelaron.

De vuelta en Punta Arenas, y justo cuando mis papás habían terminado de pagarla, echaron la casa abajo excepto por la parte del fondo (cocina y las dos piezas mencionadas antes). Se hizo una casa tipo cabaña, de las mismas dimensiones pero mucho más acogedora. De ese cambio tampoco recuerdo mucho, sólo las discusiones mientras hacíamos las terminaciones entre todos.

Al frente de la antigua casa de Maipú 107 (1984), en lo que hoy es la ventana de la pieza de visitas.

Concepción

Cuando me fui a estudiar a Concepción viví más o menos seis meses en el Hogar Metodista de Carreras 910. Compartíamos la pieza más grande con Parra y Draeger. No me llevé mucho más que una radio porque la cama me la compré una vez allá (un típico “somier sueco”  de estudiante que me compré en calle Maipú). Pese a que la señora Ruth, que administraba el Hogar, era bien amable, nunca eché de menos mucho más que la mesa de pin pon.

Al poco tiempo los de Punta Arenas más Román, de Lota, encontramos un departamento en Paicaví 498; esquina Barros, arriba de una funeraria. Era un departamento bien grande que tenía balcón y una terraza donde caían paltas cuando había mucho viento o bien cuando lo sacudíamos suficientemente fuerte. Por ese tiempo mi prima Paty se casó y me regaló un escritorio grande; así que junto con la cama y un velador, eran mi tres posesiones.

Cuando conocí a Sergio y Daniel nos fuimos a vivir a un departamento en Colo Colo, entre Barros y Freire. Misteriosamente no estuve cuando se sortearon las piezas y me quedé en la más pequeña. De cualquier manera, la cama cupo bien al fondo y quedé con un amplio espacio para instalar el escritorio que me había llevado caminando desde Paicaví. Me compré un repisero de melamina (“trupán enchapado” según Sergio) antes de saber que papá Droguett hacía muebles. Dormíamos siesta en el “bow-window” de la ventana mientras sufríamos la música de un grupo de música andina que tocaba en el paseo peatonal.

Ese departamento nos lo pidió la dueña, la señora Fonia (sic) que sólo se entendía con Sergio así que yo ni siquiera le dirigía la palabra; nos fuimos a otro departamento en Ongolmo, en el edificio de al lado del tío Alfredo. De ese me acuerdo poco porque mi pieza era ínfima, apenas cabía la cama, y por ese tiempo estuve enfermo así que con las medicinas quedaba destruido. Ni siquiera recuerdo la dirección.

Después de un par de meses viviendo donde los Muñoz, mi mamá llegó a vivir a Concepción persiguiendo a Pamela que se vino a estudiar veterinaria. Arrendamos una casa en Freire a la que también llegaron Ñañel y la Feña. Era piola y recuerdo que una vez ensayamos en el patio con Pablo y Sergio para un café concert y los vecinos nos aplaudían.

Sólo pasó un año y mis papás compraron el departamento de Castellón 171. Ahí viví por lo menos tres años. También vivió ahí Manu Gutiérrez y Mario Sillard. Para esa vez arrendamos un camión de fletes y algunas cosas me las traje caminando. Quedaba cerca del parque Ecuador así que cuando había ánimo nos íbamos a jugar allá; si no, veíamos partidos en la tele.

Santiago.

La Pati y yo haciendo arreglos en nuestro primer departamento poco antes de cambiarnos.

Cuando llegué allá viví en el departamento de los hermanos Barros hasta que me casé. Entonces nos fuimos a vivir a un departamento en Jorge Sexto 110 en Las Condes. Pese a la cocina pequeña nos gustaba mucho; pasamos nuestra primera navidad ahí. Sin embargo la dueña quería el departamento para su hijo y nos tuvimos que ir. Encontramos una casa a unas cuadras de ahí en la Plaza La Capitanía. Nos cambiamos en un camión pequeño que nos recomendaron; no teníamos tantas cosas Era una casa chica; teníamos de vecinos a un cura por un lado y un negocio por el otro de manera que esos días (los primeros de la Olivia además) fueron bastante tranquilos. Era una casa bonita pero muy cara de arrendar así que buscando una mejor relación precio-calidad nuevamente nos cambiamos.

Llegamos a una parcela en Linderos. Enorme. Una casa de 150 m2 sin contar una pieza de servicio independiente que usábamos de bodega. Me recordaba mucho a la casa de Posesión por lo espaciosa. La Olivia andaba en triciclo adentro y en invierno sólo ocupábamos la mitad. Había árboles de damascos, ciruelillos (albaricoques), limas, limones, manzanas, peras y muchos paltos. Era una lugar soñado y el único “pero” era la distancia. Estuvimos casi un año ahí y sólo nos fuimos porque abrimos oficina en Providencia.

Entonces llegamos al departamento de Lyon 755. Bien grande y a buen precio; había de todo muy cerca. El terremoto lo pasamos ahí y pese a que nos asustamos bastante como todo el mundo, no pasó nada grave.

Ahora volvimos a Concepción y estamos viviendo en Laguna Redonda. En Stgo. vivimos en lugares tranquilos pero, excepto el campo, poco auténticos. Me gusta volver a la vida de barrio, con almacenes cerca, un quiosco para comprar el diario, áreas verdes, etc.; echaba mucho de menos eso y vivir aquí me ha hecho muy bien.

Vista desde nuestro actual departamento en Laguna Redonda.

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Acerca de AlfonsoLevet

Cristiano y magallánico, lo demás es añadidura.
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3 respuestas a Las casas

  1. Nivaldo dijo:

    Me parece tan increíble como ha pasado el tiempo, y desde nuestras andanzas en Pta. Arenas cuando chicos, hasta ahora, ambos casados y Pamela ya toda una profesional.

  2. tito dijo:

    lyon 755… ganga encontrada por tito por lo demas

  3. alfonsolevet dijo:

    Ha pasado harto, che.
    Y sí, Tito rulz!

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