La política

Entre mis amigos habían cuatro hermanos; una vez, no recuerdo a pito de qué, le preguntamos a uno cuáles eran sus posiciones políticas: “yo soy de izquierda, fulano es de derecha y los otros dos no entienden”.
Si tomamos en cuenta los porcentajes de abstención en Chile, la situación anda por ahí con la anécdota anterior y sin embargo las etiquetas políticas son tan comunes como simplistas, especialmente de parte de aquellos para quienes sólo existen los “momios” y los “comunistas”.
Cuando yo tenía unos 4 años y salía Pinochet en la tele yo decía “¡ése es mi Presidente!”; mi mamá, que antes de conocer al Señor había sido militante DC sonreía. Durante la media me incliné intuitivamente a la centroizquierda y finalmente en la universidad (“¿cuál de todas?” preguntaría mi hermana) tomé un diploma de pensamiento y ciencias políticas para llegar a un panorama más amplio.
Evité un buen tiempo inscribirme en los registros electorales porque soy un convencido de que el votar es un derecho y uno decide si lo ejerce o no, no creo ser mejor ni peor ciudadano que cuando no estaba inscrito; de ahí que encuentro errada la expresión “deber cívico”. Para las presidenciales de 2005-2006 me inscribí en el Servicio Electoral; el problema es que una vez inscrito la única forma de no votar es excusarse porque el voto voluntario lo vienen tramitando hace por lo menos unos 10 años.


Para el balotaje 2010 ni siquiera me tomé la molestia de ir a excusarme.

Dicho lo anterior, decir que siempre me interesó la política sería exagerado, me interesó por un tiempo. Los motivos que me hicieron perder el interés son dos. El primero es que en Chile, guste o no, se vive y muere por Santiago y no hay autonomía de las regiones; ese centralismo no se condice con las ambiciones de desarrollo, del que además aparentemente se piensa que significa construir y/o pavimentar todo y consumir patológicamente. Por lo tanto si me viera obligado a definir mi postura política sería algo así como un inexistente Federalismo Magallánico, por no decir Independentismo.
Lo segundo es que la política no ha resuelto mucho desde que nací (1979) porque frecuentemente las soluciones han sido peores que los problemas o al menos han provocado otros nuevos. Por lo demás, invertir la vida en política parece cortoplacista, aunque se aduzca vocación de servicio público, al contrastarlo con la experiencia de seguir el camino de Dios.
De todas formas, aunque me he excusado varias veces, otras tantas he ido a votar. Me doy la tarea de leer los programas de los candidatos aunque después no los cumplan ni me identifique ninguno a cabalidad. Además defiendo el derecho a que el voto sea secreto.
Si, pese a lo que aquí digo, alguien quiere seguir pensando que adhiero a algún partido o ideología, ya no es mi problema.

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Acerca de AlfonsoLevet

Cristiano y magallánico, lo demás es añadidura.
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Una respuesta a La política

  1. Héctor Barriga dijo:

    INDEFINIDO….ESO…!! Y BASTA….

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