Cafeína y chocolates

Nunca he sido muy mono. Es decir que no siempre busco lo que el resto, ni quiero hacer las mismas cosas que la mayoría y a veces ni siquiera quiero estar con la mayoría; otras veces coincido, pero he llegado por mi propio lado y no siguiendo al resto.
Esto me mantuvo siempre lejos de malos hábitos como por ejemplo el exceso de alcohol, porque me gustan más las bebidas dulces; del tabaco, porque no soporto el olor aunque la hoja de tabaco (apagada) tenga un olor maravilloso; y de otras hierbas, aunque una vez de curioso le dí dos piteadas a un porro que me hizo me sentir fatal.
La falta de dominio propio es un poco avergonzante y sin embargo si no es una, es otra; yo reconozco siempre dos gustos excesivos: el café y los chocolates.

El “café-café” cuesta prácticamente lo mismo que el instantáneo (“nescafé no es café”) pero a veces es una lata prepararlo porque es más lento. Lo más fácil es prepararlo en la típica máquina de goteo que lo juntan en un jarrito. Sergio y Vivi nos regalaron una cafetera italiana que lo hace un poco más difícil porque hay que estar pendiente del punto; pero igual ya está media destartalada de tanto uso. Los aditivos no me gustan mucho (escencias vainillezcas y demases), mientras más puro mejor; Starbucks no me molesta pero sí sus vasos de cartón.
Mi favorito es el Latte, con espuma de leche y sin ningún dibujo amanerado arriba. Después viene el clásico espresso y cuando ando con ánimo de algo realmente fuerte, opto por un ristretto.
Evitando la preparación diaria, tomo bastante instantáneo aunque bien cargado (2+2) pero hace un mes y algo estoy tomando sólo té porque tengo el sueño muy desordenado y estaba tomando mucho. La primera semana fue terrible, supongo que parecido a desintoxicarse: palpitaciones, sudoración y mareo; después de algunas semanas me siento como nuevo y aunque no he bajado un gramo, hasta controlo mejor el apetito.

Un placer por el que no siento culpa alguna: sandwich de chorizo (recientemente lo cambié por el choriqueso) y leche con plátano en el Quiosco Roca.

 

De los chocolates que se venden en negocios y supermercados sólo me gustan un poco las barras o huevitos con almendras. Lo que en realidad me gusta es el chocolate casero; la mezcla de distintos tipos de chocolates y la suma de otros adicionales. De lo que se puede comprar en el comercio me gusta el chocolate solo y con almendras de Norweisser (Punta Arenas y Temuco) además de la torta “Muerte por Chocolate” del Pasta e Basta en Stgo.

El asunto es que cualquier exceso es malo, sea la cafeína o la mayor o menos cantidad de azúcar del chocolate (el cacao de hecho es saludable). Las últimas semanas he estado a puro té y mate, y aunque al chocolate no lo perdono me he ido con mesura.

 

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Acerca de AlfonsoLevet

Cristiano y magallánico, lo demás es añadidura.
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