Los perros de la calle

La siguiente es una breve reflexión desde mis convicciones acerca de la matanza de perros acaecida ayer en Punta Arenas y sus reacciones.

Lo primero que ocurre es que nuestra idiosincrasia es reactiva. Es decir, cosas tienen que ocurrir para “tomar cartas en el asunto” pero rara vez planificamos para la eventualidad. Así fue que tuvo que llenarse una ciudad de perros sin dueños para recién, aún así con bastante desorganización e ira, reflexionar acerca de la tenencia responsable de mascotas/animales.
El tema es qué efecto tendría una educación tardía sobre una población canina callejera que bordea el 10% en relación a la población si, además, consideramos a quienes no quieren tener una mascota e incluso a quienes queriendo, no pueden tener una porque no podrían cumplir con una “tenencia responsable” (por recursos, espacio, tiempo o el motivo que fuere).
Llegamos entonces al problema de solucionar este problema (redundancia ineludible). Declaro mi ignorancia respecto de: las dimensiones que requeriría un canil apropiado para 12.000 perros, la cantidad de profesionales y voluntarios que serían necesarios, la cantidad de agua y alimento, el tamaño y características del lugar para el tratamiento de los excrementos, la cantidad de dinero para implementar y mantener todo lo anterior, cómo se financiaría y saber en qué sector podría construirse.
Dicho lo anterior, y cuando aún es difícil dar con una solución de amplio consenso y contundente eficacia, sea bueno revisar las declaraciones (al menos todas las citas) del Obispo Bastres. El titular es engañoso, quizás “no prohibe” habría quedado mejor que “autoriza”, pero no logro encontrar dónde Bastres “mandó a matar” a los perros más allá de la cizañera connotación que le da quien firma el artículo y entonces ¿quién es responsable de la matanza de los perros, de los ánimos caldeados, de las diversas reacciones, de la violencia física y verbal? y ¿cómo ha ayudado esto a la solución del problema original?
La irrupción en la Catedral de Punta Arenas (aclaro que no soy “católico”) fue un atropello a quienes voluntariamente y de acuerdo a su fe fueron a ese lugar a tener un momento con el Señor, cuando el problema de los animalistas era con el Obispo Bastres.
No es mi intención hacer una apología de este sacerdote, cuya fe supongo que comparto empero no su credo; y sin embargo hay cuestiones que me interesa destacar, no entonces como católico pero sí como cristiano.
Es curioso como buena parte de los animalistas son ateos y sin embargo han hecho de los animales su dios. Muchos de los acérrimos defensores de los animales marchan, protestan y pregonan en favor de los derechos de los animales y al mismo tiempo están a favor del asesinato del que está por nacer (también conocido como “aborto”) porque si se encuentra una célula en Marte es “vida”, pero el embrión parece ser para ellos una suerte de “ente”.
Ok, no me desvío. De acuerdo a mis convicciones creo que el Señor autoriza comer animales (aunque probablemente tampoco esté de acuerdo con el proceso de producción industrial de carnes) y, sin embargo, estoy obligado a tener un trato benévolo con los animales, sobre todo con los domésticos porque entiendo que el humano fue autorizado a gobernar y dominar sobre la creación (si ud. no está de acuerdo, igual es así). Quienes abrazan (curiosamente con fe ciega) el ateísmo, dicen que esto no les atañe. A quienes creemos en Dios sabemos que su existencia y voluntad no dependen de la opinión de nadie y entonces llegamos al problema mayor: está bien tenerle cariño a los animales pero olvidarse de Dios y amar más los animales simplemente no está bien. Nada de entre la creación puede tomar el lugar del Creador.
Esto no se trata de un duelo “perros vs. iglesia” sino de un problema que ya se fue de las manos. Charlas acerca de tenencia responsable no tendrían ningún efecto significativo a estas alturas (en relación al problema, no digo que no se hagan) y ya sabemos las variables de construir una “perrera municipal”  capaz de albergar a los 12.000 perros vagos que se calcula hay en Punta Arenas. A estas alturas, por el motivo que sea, esto es una plaga y por doloroso que sea hay que controlarla apropiadamente y como tal (evidentemente, no mediante una envenenación masiva).

Para terminar, una nota que le hice a “La Protectora” hace un par de años. El problema no es nuevo y en cuanto a soluciones, estamos igual que entonces:

La Protectora from Alfonso Levet on Vimeo.

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Acerca de AlfonsoLevet

Cristiano y magallánico, lo demás es añadidura.
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