(Por qué puede ser buena idea comprar dulces para) Halloween

Por estos días hay más sitios cristianos que seculares hablando de Halloween; tanto, que casi no hace falta explicar esta fiesta pagana, pero si habláramos más frecuentemente de las cosas que creemos y celebramos, no tendríamos que explicar por qué no celebramos otras como ésta.

¿Cómo reaccionamos habitualmente los cristianos frente a esta fiesta?

  • Un par de semanas antes compartimos en facebook imágenes que resumen por qué no celebramos la muerte/tinieblas/Halloween (aunque no aguantamos las ganas de ver la nueva temporada de “The Walking Dead“) porque es más fácil que escribir siquiera lo que pensamos al respecto.
  • Los más osados imprimen la mejor de esas imágenes y después de pensarlo un buen rato PUEDE QUE la peguen en la ventana.
  • El día anterior a Halloween entramos en pánico, corremos en círculo y nos armamos de valor conversando con familiares amigos para asegurarnos que NADIE se disfrace.
  • Finalmente, la noche en que los niños se disfrazan y en su mayoría acompañados por sus papás tocan nuestra puerta para pedirnos dulces apagamos las luces y nos acostamos temprano o salimos con nuestros hijos para no exponerlos a tan traumática experiencia.

Antes de seguir quiero ser claro en esto: cuando yo era niño mi familia no celebraba Halloween y si alquien piensa que es porque en esos años no había llegado a esta parte del mundo, ya existía la costumbre en Punta Arenas a fines de los ’80. Mi hija mayor ya sabe que no tomamos parte de la fiesta y NO estoy pidiendo ni alentando a nadie que sea parte de esta “celebración”. Lo malo es malo y adoptar costumbres ajenas, aún más.
Así como es muy importante que nuestro hijos sepan qué celebramos y qué no, también es parte de la vida de un discípulo (cristiano) compartir el evangelio activamente y una de las mejores maneras es integrándose en la comunidad donde vive (edificio, condominio, cuadra, barrio, etc.).
Ahora, puede que esté equivocado pero me parece que es bastante difícil que la gente acepte venir a hablar de Jesús cuando sospecha que ése es el verdadero plan maestro (?) de nuestra invitación a compartir la mesa con nosotros. Es decir que, de acuerdo a lo anterior, es prácticamente IMPOSIBLE que una familia toque nuestra puerta queriendo que les abramos, excepto para… (sí, adivinó) Halloween.

No tengo certeza de qué tan masivo es Halloween en Chile por estos días pero las estrategias comerciales han ayudado a extender el fenómeno porque es una de las fechas en que más se venden dulces. Aunque en menor proporción, otro factor de difusión ha sido… los propios cristianos. Como de costumbre, tuvimos una actitud reactiva exagerada que no ha hecho otra cosa que aumentar su popularidad.

Personalmente creo que nuestras convicciones deben ser sólidas y es bueno transmitir a nuestros hijos seguridad y no temor acerca de lo que creemos. Así que, aquí van algunas ideas acerca de qué podemos hacer ese día:

1. Abrir la puerta. Todos los motivos por los que un discípulo cree que no debiera abrir la puerta son igualmente válidos para pensar seriamente en abrirla y compartir unos minutos con quienes vengan. Es una oportunidad para conocer un poco más a los vecinos y gente que vive cerca.

2. Comprar dulces para los niños que puedan venir. Que sean algunos ricos, de los que comprarías para un cumpleaños; si no, la visita será muy breve y además, no hay que olvidar que lo que piden es “dulce o travesura” (una vez que no teníamos dulces nos han tiraron un huevo al parabrisas del auto, pero ha sido la única).

3. Preparar algo también para los papás, si es que acompañan a los niños. Algún pan dulce, resfrescos o café en vasos desechables pueden servir y ofrecen la oportunidad de conversar un momento y conocer a los vecinos.

4. Tener algo que decir. No es necesario tirarles un estudio bíblico encima, basta presentarnos y contar por qué no participamos activamente de esta celebración. Es bueno ser breve y creativo; más simple, no aburrirlos. Intercambiar nombre o datos básicos si es posible.

5. No juzgar. Primero, porque no nos es permitido. Segundo, porque los responsables de lo que hagan los niños son los papás y no ellos mismos. Por último, la idea es establecer relaciones para eventualmente poder llegar a compartirles el evangelio. Hacer amigos, no enemigos.

Por último, hay que tener presente que ésta es una propuesta de cómo convertir una celebración ajena e incómoda en un pretexto para alcanzar a otros o por lo menos entablar nuevas relaciones con los vecinos. Es importante que nuestros hijos sepan que ése, y no otro, es el motivo por el que haremos esto. Hay que conversar con ellos, reforzar el hecho de que nosotros no tomamos parte activa de esto… no hay de qué preocuparse porque el Reino se revela a los niños, ellos lo entienden incluso mejor que nosotros.

Anuncios

Acerca de AlfonsoLevet

Cristiano y magallánico, lo demás es añadidura.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s