El “pinchazo”

desgarro.
(De desgarrar).
1. m. Rotura o rompimiento.

Tras unos 15 minutos de haber jugado suave me decido a correr un poco más en el partido; “si no, a que vinimos”, me dije a mí mismo.
Voy a cortar un avance del equipo contrario y cuando freno siento un golpe como si me hubieran dado un golpe fuerte con un palo de escoba en la pantorrilla derecha, pensé que me habían golpeado e intento pararme derecho pero el dolor me lo impide, siento el músculo agarrotado. Gol en contra.
Resignado -y tras un instante de esperar que la pierna reaccione- me voy al arco. Sano y bueno soy pésimo en portería, así que los minutos que estuve me dediqué a despejar con la zurda cualquier balón que me quedara al alcance y, en el intertanto, me convierten fácil tres o cuatro goles, si no más.
No puedo seguir y les digo a los muchachos. Hago el gesto de aplaudir sobre mi cabeza al imaginario pero respetable público y los jugadores me responden como sabiendo mejor que yo que era una lesión grave.
Me siento en el piso porque no puedo doblar mucho la rodilla amén del tirón que persiste. Escribo en el móvil:
“amor, me lesioné mal
mal mal
creo que contractura”.
Tengo que manejar de vuelta.

El día después

La noche anterior me duché a duras penas, con la inseguridad de si era mejor darle calor o frío a la zona afectada. Nada de recuperado me levanto temprano para irme al trabajo porque mi día comenzaba a primera hora y no había a quién avisar que estaba derechamente cojo. Durante la mañana mensajeo a un médico amigo pidiendo consejo y algo para el dolor. Después llamo a un primo político que es traumatólogo y me sugiere lo mismo que mi amigo y que consiga una cita al doctor para esa misma tarde.
En la web de la clínica que tiene consultas en el mismo edificio que el diario busco un traumatólogo con el único criterio de conseguir la hora más próxima. El segundo nombre del doctor llama mi atención por un motivo infantil pero que me resultaría útil: era el nombre de Quico en “El Chavo del Ocho”.

Federico.

Pese a que bajé los tres pisos que me separaban del centro médico -redefinamos el concepto de “clínica”, por favor- en ascensor, el desplazamiento hasta la recepción y sala de espera me pareció kilométrico, así que me senté en el asiento más cercano al pasillo que después tendría que caminar.
De pronto escucho que me llaman:
– Alfonso Levet -me pongo de pie y escucho que repiten- Alfonso Enoc Levet.
Mi segundo nombre es de origen hebreo y ya estoy acostumbrado a que llame la atención pero había olvidado que también puede resultar gracioso… a los niños.
– Enoc Levet -insiste el doctor y me recibe en la puerta- buenas tardes, Enoc.
– Buenas tardes, Federico… ¿es Federico tu segundo, no?
– ¿Cómo lo supiste?
– Lo tienes publicado en la página de la clínica.
Ya roto el hielo, comienzan las preguntas para el diagnóstico. Que me ponga de puntillas. No puedo. El tendón de Aquiles está bien, pero tengo poca movilidad. La pierna está un poco inflamada y no puedo afirmar bien ni darme impulso.
Desgarro muscular gemelo derecho interno. Orden para ecotomografía. 21 días de licencia:
– ¿Veintiuno? ¿Podemos hacer algo más breve y revisar cómo evoluciono?
Bajo mi responsabilidad me dieron 15 días y control.

wsp

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Acerca de AlfonsoLevet

Cristiano y magallánico, lo demás es añadidura.
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